De la Bermeja se escribe mucho, se sabe poco y se especula demasiado.Es una isla mexicana ubicada en el Golfo de México que un día dejó de existir o se ocultó. La descripción que abre este artículo es quizá la primera -y casi la única- que se haya escrito sobre ese pedazo de tierra en medio del mar.
Su autor era un cosmógrafo español que escuchaba relatos de los capitanes que navegaban hacia el Viejo Mundo, quienes a su regreso describían lo encontrado en sus travesías.
Algún piloto español vio la isla Bermeja en el siglo XVI y dio cuenta de su existencia; después la isla permaneció olvidada durante siglos.
Un pedazo de tierra que aparecía claramente marcado en la cartografía, desapareció y hoy nadie puede encontrarlo. A México se le perdió una isla.
La ubicación de la isla Bermeja varía dependiendo del mapa que se consulte.Un día, por accidente, leí su historia y quedé atrapado. Mi fascinación se acentúo cuando descubrí que no sólo se trataba de una marea de misterio. Esta isla perdida en medio del mar representaba también la búsqueda de un tesoro.
Si Bermeja existiera, empujaría las fronteras marítimas de México en los mares del Golfo, en una zona rica en petróleo.
Por ello desde finales de los años noventa y hasta hace unos meses, diversas expediciones se aventuraron al mar abierto con el fin de localizar Bermeja.
La pregunta desde entonces ha sido ¿dónde esta la isla Bermeja?
En algunos mapas, por ejemplo, la Bermeja aparecía en una posición, pero en otros se veía en un lugar diferente, y en algunos más ni siquiera aparecía.
Pero ¿y el petróleo? La isla importa por el impacto que podría tener en la economía mexicana al darle a este país derechos de explotación en una zona que hoy es parte de las aguas internacionales. ¿Será entonces en el oro negro donde hay que buscar la clave de su desaparición?
Para conocer un poco más sobre la Bermeja había que salir de Londres, cruzar el Océano Atlántico, aterrizar en México y adentrarse en las aguas de su Golfo. Y eso es exactamente lo que hice.
En el camino recolecté información, hablé con expertos en geografía y petróleo, me entrevisté con políticos, navegué por la marea alta del Golfo de México sufriendo sus embates como un marinero novato, charlé con pescadores y visité los últimos pedazos de arena que México tiene en el mar.
Quiero invitarlos a que, durante cinco días, recorramos juntos la bitácora de mi viaje en busca de la Bermeja e intentemos desenredar juntos la madeja de esta historia.
Aquí podemos empezar un diálogo. En estas líneas yo les compartiré lo que ví, lo que escuché y lo que aprendí. Por lo pronto los invito a que escriban sus dudas o compartan sus teorías sobre esta historia. Aquí también les iré respondiendo.
La primera parada, mañana, la haremos en los mapas. Si Bermeja estaba en ellos, ése es un buen lugar para iniciar la búsqueda.
Las especulaciones comenzaron en 1997 cuando el gobierno mexicano buscó sin éxito la isla Bermeja. El contraalmirante Néstor E. Yee Amador informó a sus superiores: "El día 5 de septiembre a las 07:00 horas arribó el buque a la situación geográfica Latitud 22° 33' Norte, Longitud 91° 22' Oeste, no habiéndose encontrado el supuesto islote Bermeja".
El gobierno dio por terminada la búsqueda y firmó con EE.UU. el tratado para delimitar los Hoyos de Dona usando Alacranes como referencia y no Bermeja.
La historia durmió entonces "el sueño de los justos" hasta que las investigaciones de Fabio Barbosa la regresaron a la luz pública. Al calor de la renovada historia un ex funcionario del gobierno mexicano incluso declaró que la isla estaba en las coordenadas oficiales pero hundida 30 o 40 metros bajo el mar.
Doce años después, en 2009, un par de pequeñas expediciones particulares armadas con ecosondas y buzos se trasladaron al lugar, pero tampoco encontraron vestigios de la isla.
Por esas mismas fechas intervino la Cámara de Diputados de México a fin de que se organizara una expedición científica al lugar. A solicitud de los legisladores, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) envió a un equipo de investigadores a bordo del buque oceanográfico Justo Sierra a las coordenadas "oficiales" de la isla.
La expedición realizó un barrido acústico en la zona, midió la profundidad del mar en dicho punto (Latitud 22° 33' Norte, Longitud 91° 22' Oeste) y con la ayuda de un equipo especial, recogió muestras del fondo marino. (Ver video a la derecha)
La conclusión fue que en ese punto jamás pudo haber existido una isla. La profundidad en el lugar es superior a los 1.400 metros y el lecho marino es completamente plano; es decir, no hay vestigios de los restos de una isla.
Muchos se apresuraron a señalar que la investigación de la UNAM confirmaba que Bermeja nunca existió, pasando por alto una de las mayores conclusiones de la expedición: la isla podría estar en otras coordenadas.
"Las técnicas de reconocimiento que se usaban en la antiguedad no eran tan precisas como las que nos dan los instrumentos que utilizamos en estos días. Se basaban más en descripciones sobre la posición de otros lugares más conocidos, por eso es que los cartógrafos situaban a la Bermeja en distintas posiciones", me informa Irasema Alcántara, directora del Instituto de Geografía de la UNAM y una de las coordinadoras de la expedición.
"Cuando analizamos los mapas que se presentaron a lo largo de siglos, descubrimos que en muchos casos estos se acompañaban con descripciones de otras islas alrededor de Bermeja. Hemos encontrado documentos donde hay descripciones muy precisas de la existencia de la isla Bermeja al mismo tiempo que otros lugares del área. Con base en esto creemos firmemente que la isla sí existió, pero en otra ubicación", me dice Alcántara.
Advierte, sin embargo, que incluso si se logran determinar nuevas coordenadas para Bermeja, se requerirá realizar nuevas expediciones científicas para las cuales quizá no haya presupuesto.
Las otras hipótesis
Independientemente de su ubicación, los cartógrafos insisten en señalar que Bermeja se habría encontrado en el límite de la plataforma continental, donde suelen abundar los arrecifes coralinos. Algunos, como Michel Antochiw, señalan que de un lado de la plataforma la profundidad del mar es baja y del otro se abre un abismo. Por eso, dice, una hipótesis es que un derrumbe submarino pudo haberse llevado la isla.
Llegó la hora de abandonar el barco científico y buscar los últimos rastros de Bermeja entre viejos lobos del mar: los pescadores.
En busca de más pistas decido recorrer la capitanía del puerto de Progreso, Yucatán, en el sureste de México. El lugar está adornado permanentemente por botes pesqueros cuya herrumbre atestigua que han pasado una vida entera en el mar.
Tras un par de intentos infructuosos, finalmente en medio de una celebración, un grupo de pescadores me presta atención y apuntan a uno entre ellos: "éste si sabe", me dicen.
"La Bermeja todavía existe. Es un bajo de arena que está al norte de Cayo Arenas (Campeche, en el sureste mexicano). Lo que pasa es que no siempre se puede ver", me asegura el que "sabe".
Bermeja se resiste a desaparecer a pesar de que nadie ha podido encontrarla. Como único testigo queda el recuerdo de algún navegante español que siglos atrás vio su mancha rojiza en el Golfo de México.
Es posible que la isla siga ahí esperando a ser rescatada por una exitosa expedición que finalmente de con su ubicación y explique su misteriosa desaparición.
Para mí la isla no está muerta, pero temo que pueda quedar en el olvido.(David Cuen/BBC)











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