martes 10 de noviembre de 2009

EDITORIAL. El marchante y la bomba atómica. Por El Relator Porteño


Al final de las cinco primeras partes de LOS PREGONEROS, mediante tormenta de ideas se formó una listita de venteros, pero la idea es plasmar aquellos que formaron parte de una época ida, no los que en la actualidad permanecen, aunque sean especies en vías de extinción, les comentaré de otro personaje como EL MARCHANTE.

Este personaje era uno de los venteros preferidos y esperados por las mujeres, digo mujeres porque lo esperaban no solo amas de casa, lo esperaban las abuelas, las mamás de tiernos y no tan tiernos retoños, las jóvenes solteras y las solteronas, en conclusión lo esperaban cada semana las damas progreseñas, por que el marchante(creo que nadie sabía su nombre, al menos yo que metía mi naríz curiosa para ver la mercancía y escuchar su verborrea relativa a la calidad de su mercancía) era regordete, blanco, vestido de mestizo con su pantalón blanco, su camiseta (no se le llamaba playera) blanca de algodón, de manguita y cuello redondo ajustada perfectamente a su cuerpo como si se tratara de una media, llevaba su mandil de cotí (tela de lienzo rayado, llamado también cutí, semejante en su dibujo a las telas llamadas actualmente mil rayas) que era lo que más me llamaba la atención de este ventero, calzaba sandalias de mestizo elegante y completaba su atuendo con un sombrero de palma y un gran pañuelo rojo de los llamados paliacates. Como dije antes era blanco, regordete, de barba tupida y afeitada, naríz gorda boluda, ahora que lo pienso era un remedo de Pedro Picapiedra o más bien por derecho de antigüedad Picapiedra era un remedo del marchante.

Siempre sudoroso, siempre enjugándose la cara y el cuello con su paliacate, (yo pensaba que sudaba más por ser gordito que por el calor, ya que en el puerto soplaba a esas horas de la tarde una suave y fresca brisa, tan rica que me imagino en este momento estarla sintiendo). Pues bien al grano, en su tenate (canasta de palma) transportaba su mercancía, telas de seda, popelinas, casimires, telitas suaves de algodón estampado para vestidos, y otros cortes para pantalones, (nunca mezclillas).

El marchante era un vendedor de telas por abonos, pasaba a vender y cobrar cada semana. Además de la mercancía en el tenate, llevaba telas al hombro para su exhibición como si de un zarape se tratara, pienso que eran sus mejores piezas, yo las recuerdo de rojo brillante.

Abuela era la jefa en esos menesteres, ella era la que animaba a mamá a comprar este o aquel “corte”de tela con el que mamá fabricaría ropas para la familia.

Mamá hasta hoy tiene su máquina Singer de coser, con la que costureaba (no costuraba) sus vestidos y ropas para toda la familia, razón por la que yo y mis dos hermanos vestíamos como si de gemelos se tratara, recuerdo especialmente una camisa azul cielo con dibujos de caballitos con la que nos retrataron a los tres hermanos; también nos elaboraba nuestros pantalones, ropa interior, y a papá incluso sus camisetas. Recuerdo que mamá aprendió a cortar la tela para los pantalones desbaratando otro y utilizándolo como matriz. En aquel entonces los pantalones los hacían los sastres, se compraban las telas en Mérida y se visitaba al sastre para encargarle su confección. Recuerdo que el sastre de mi abuelo era un señor chaparrito, tuerto con gruesos lentes oscuros al que apodaban el pato. El pato también planchaba los pantalones “Buenos” de abuelo.

Por cierto recuerdo que semanalmente pasaban los chinos con grandes cestas de mimbre por la ropa para lavar del abuelo, la retornaban planchadita, para que no se confundiese la marcaban en algún pliegue interior con tinta china, la marca era algún carácter chino. Años después papa construyó nuestra casa en un gran terreno donde existió una lavandería de chinos. –Mi edad era de seis años cuando ocupamos nuestra nueva casa- .

El “viaje a Mérida” para ir de compras era algo muy distinto a lo que es ir hoy en día.

Muy pocas personas tenían autos en aquellos tiempos, un recuerdo muy nebuloso me hace visualizar en la mente un taxi (le decían coche de alquiler) que se estacionaba solito (no recuerdo otro) en batería enfrente de la iglesia de la Purísima Concepción, era una carcachita de color café oscuro (casi color chocolate), su chofer era un señor viejito que hacía “juego” con su auto, delgado, bajito (creo que encogido por el tiempo), con su cachucha de aquellas que estaban de moda en los cuarentas, a cuadros. El auto llevaba su rueda de refacción en la parte trasera, estoy seguro que de existir a la fecha, sería una valiosa pieza de museo.

Pues en una rara visita que nos hicieron unos tíos abuelos que vivían en Mérida por el rumbo del ex-convento de monjas (ancianos en aquel entonces) papá alquiló ese taxi para pasearlos por Progreso, era todo un suceso su visita. Querían ver la playa y el mar, y fuimos al lugar donde una ría unía la ciénaga con el mar, esto se encontraba en el rumbo del antiguo rastro, es decir donde la calle 29 se convertía en la carretera que iba a Chelem, hoy va al puerto de abrigo.

En esa playa había montículos de arena cubiertas por plantas de playa, uvas de playa, una con grandes flores de color lila que mamá llamaba riñonina, xaxnúc (tal vez así se escriba), que era una enredadera que cubría de flores amarillas las colinas de arena, que por cierto su tallo se quebraba en trozos, ideales para usar como “tacos” para jugar taco, liga o ligazo, los tacazos dolían mucho. También abundaban las flores de vicaria de colores lilas, blancas y rojas, que ahora veo en jardines de Mérida. (Esto data la friolera de 55 años). Otras plantas propias de este ecosistema playero eran los cactus y los nopales con sus rojos y espinosos frutos, las tunas con finísimas espinas agrupadas a manera de pinceles, que se introducían en la piel y para sacarlas se tenían que utilizar agujas. En una ocasión siendo chamacos de 10 o 12 años, nos fuimos de exploradores con nuestros tirahules y gorras a la playa, mi hermano mayor miró las tunas y tuvo la idea de “cosecharlas” pues dijo que eran muy sabrosas y las colocó en su camisa a manera de bolsa, posteriormente se puso la camisa llena de finas espinas y todo el cuerpo se le cubrió de estas, un tormento chino, mamá le dedicó bastante tiempo a extraer espinas con una aguja, lo bueno es que era joven y tenía buena vista. No cabe duda que los hijos hacen travesuras, burradas y tonterías que provocan angustia en sus papás. Con el tiempo las escapadas tenían actividades más variadas, primero ir a pescar al “muelle nuevo”, luego ir a pescar a la ciénaga corvinas y robalos, estos peces no se pescan con carnada, se pescan con señuelos, si vas en un bote con motor pues se tiran los cordeles (en mi niñez eran de hilo de algodón llamado curricán, en mi adolescencia comenzaron a utilizarse los cordeles de nylon) el bote va corriendo arrastrando los señuelos y los peces pican. Si pescas desde tierra, se tira el cordel y se va recobrando poco a poco, se tira muchas veces hasta que el pez pica.

La pesca con snorkel, visor y patas de rana vino pronto, entonces nos tirábamos a bucear desde el muelle nuevo o desde los puentes que van al puerto de abrigo, o simplemente caminábamos desde la playa introduciéndonos al mar hasta el sitio elegido para bucear. El equipo como vemos era bien sencillo, se complementaba con la ropa de bucear que era un pantalón cortado, de preferencia de mezclilla y una camiseta para soportar el sol. Los arpones eran de fabricación casera, pocos chavos podían darse el lujo de tener un arpón comprado. Se pescaban peces, sacábamos caracoles, mi hermano menor que era y es un tigre para esto, sacaba y sigue sacando incluso langostas y peces bastante grandes.

Una pesca con cordel muy interesante desde el muelle era la del Canchi-jurel, un enorme jurel que podía pesar de 5 a 8 Kgs., bien interesante porque daba bastante pelea. Se pescaba poniendo en el anzuelo un pez aguja al que se le quitaba el "pico". Las agujas para carnada las vendían los sardineros, con 40 centavos te llenaban una bolsa de nylon de medio kg. de sardinas, pero las agujas las vendían a un peso cada una (carísimas) porque cada aguja era la pesca casi segura de un canchi-jurel.

Pero una pesca bien decepcionante era la de enormes trozos de gruesos cabos de barco, que reventaban por su peso nuestros cordeles o sufríamos para levantar ese tremendo peso, (hay que tomar en cuenta que nos dolía perder nuestros cordeles, nunca nos sobró dinero).

Que energía teníamos los chamacos, esas vacaciones de verano realmente las aprovechábamos intensamente, un programa de actividades podía ser el siguiente:

6 A.M. Jugar básquet bol en la cancha municipal hasta las 8 aproximadamente.

Entre 8 y 9 A.M. desayunar en casa, era posible que mamá sirviera un jugo de naranja licuado con huevo, o una “rica" cucharada de Emulsión de Scott, quién la haya tomado sabrá de lo que hablo. En fin comidas será otro capítulo, quiero seguir describiendo el programa.

A eso de las 10 ya estábamos en la playa para jugar de hora y media a dos horas futbol, en la arena, sin zapatos.

A eso de las once o doce del día ya tocaba entrar al mar, a jugar peleas de “caballos y caballeros” que consistía que un chavo se montaba en los hombros de otro y se enfrentaba a otra pareja, el fin era tumbar al contrincante. Encantado, -pesca, pesca-, retos de quien llegaba más hondo en el mar, etc., nos mantenía ocupados hasta la una o dos de la tarde, hora de retornar a casa para enjuagar la ropa y comer.

Un ratito de tranquilidad y nos preparábamos para ir a pescar o jugar beisbol, hasta el anochecer.

Que días!, eso era actividad, pero no terminaba ahí, después de cenar nos faltaba ir al malecón, a la feria, o a sentarnos en la barda a ver pasar a las chicas y ponerles calificación.

En la actualidad ir de Progreso a Mérida y viceversa, es muy rápido, con la amplia carretera se tarda del inicio de la carretera hasta el periférico de Mérida a la velocidad permitida, unos 15 minutos, claro si se trata de llegar al centro de Mérida se puedo uno tardar desde 15 hasta 25 minutos o más, todo depende del volumen de vehículos que están transitando, desde el CUM, hasta el colegio Educación y Patria que está en las calles 64X57, a las 7 A.M., yo tardaba en automóvil 20 minutos, una locura ocasionada por la entrada de los alumnos a las diversas escuelas.

Pero hace unos 50 años, la carretera era solamente de 2 carriles, uno de ida y uno de vuelta, pero eso sí hecha con mucha calidad, es fama que esos antiguos carriles hasta el día de hoy son mucho más resistentes al intenso tráfico y a las lluvias que los construidos posteriormente, pues su cama (sus cimientos) están hechos con grandes piedras llamadas de hilada, en tanto que los nuevos la base es de sascahab (tierra blanca), grava y la cubierta de chapopote. Esto de tener solo dos carriles la carretera hacía mucho menos ágil la circulación. Hace cuarenta y tantos años cuando viajaba para estudiar la prepa y después la Universidad, abordaba el autobús que salía a las 5:30 de la mañana, y me apeaba del autobús en la calle 57, esquina en la que se encontraba el antiguo cine Colonial, este viajecito temprano y con poco tráfico a esas horas tardaba 45 minutos. Cabe aclarar que el vehículo era “directo “no paraba en el camino. Para seguir estudiando se tenía que ir a Mérida, no había preparatorias en Progreso. Cuando comencé a viajar la estación de autobuses ya estaba en su actual ubicación en la calle 29 entre 30 y 32, ya era yo un adolescente, pero antes el paradero de los autobuses era en el Parque de la Independencia o parque principal, la estación estaba situada en la esquina noreste ,allá tenían una construcción de mampostería, nada elegante, donde estaba situada la taquilla para la venta de boletos y unas bancas de madera pintadas de gris para que los pasajeros esperasen la salida del camión. Primero dieron el servicio unos camiones tipo guaguas, no estaban uniformes en sus diseños, pero calculo que más o menos en 1960 la Unión de Camioneros asignó a la ruta Mérida-Progreso, 10 modernos autobuses marca REO a gasolina, muy grandes para el servicio de segunda clase, 2 modernas “sultanas” para el servicio especial con aire acondicionado y sillones reclinables muy cómodos, estos vehículos dieron un buen servicio durante muchísimos años, estos mismos pasaron a dar servicio a la nueva estación de la calle 29.

En el parque, anexo a la estación, tenía su puesto de helados Don Ramón, helados riquísimos que el mismo fabricaba, y que no tenían nada que envidiarles a los de Milán o a los del Colón en Mérida. Asimismo estaba un puesto de comidas y refrescos, que de tan grande era prácticamente un restaurante, llamado La Parroquia, y tenía fama de servir buenos alimentos y refrescos. Chinto tenía su puesto en el parque donde vendía periódicos, cerillos, billetes de lotería, chicles y caramelos. Complementaban el paisaje del parque los boleros (limpiabotas) unos con puestos semifijos y otros solo con su cajón de limpiabotas.

¿Cómo un chamaco se entera de estas cosas?, fácil, en vacaciones solía vender periódicos, y desde temprano estaba en el parque esperando que llegara el autobús que traía los diarios, los recibía Romeo y los entregaba a los voceadores, que ganaban 3 centavos por diario vendido. De ahí salía para la horchata, el sorbete y para ahorrar en una alcancía roja en forma de cajita fuerte que proporcionaba el Banco del Sureste a las personas que abrían su cuenta de ahorros. Tenía chance de observar el movimiento en la zona del parque.

Sí señor, en vacaciones solía ser periodista.

Ventero de periódicos, al llegar el autobús de aquellos tipo guagua, con su parrilla de carga en el techo, un mozo que aseaba autobuses en la estación, se subía a la parrilla utilizando la escalerilla adosada a la parte trasera del autobús y lanzaba al suelo los paquetes de periódicos, los paquetes estaban atados con grueso papel embarrado con engrudo de almidón el cual a esta hora, 6 de la mañana, todavía no secaba. Yo solicitaba 50 ejemplares para vender, los jueves sacaba unos cuantos diarios más; los domingos vendía 100. Olvidaba aclarar que todo esto sucedía en la calle 31 entre 30 y 32, es decir en la orilla norte del parque de la independencia. La primera vez que pregoné los periódicos, lo hice con mucha pena al principio, apenas decía en voz muy bajita –diario- , pero una vez que le agarre el gusto a la chamba, ya gritaba a voz en cuello: diario, diario, Yucatán, Sureste, Novedades. Si mi primer trabajo remunerado fue de periodista, y aquel el pregón de los venteros de periódicos.

Corrían los años cincuentas, cuando llevado por mis padres a Mérida de compras de ropa y juguetes, pude percatarme de que se construía la nueva entrada a la ciudad, la que ahora se conoce como prolongación del paseo de Montejo y que forma una Y con la antigua carretera a Progreso que es la que se convierte en la calle 60 de Mérida, (por cierto se dice que la distancia de Mérida a Progreso son 36 Km., sí pero medidos desde la plaza principal de Mérida hasta el parque de la Independencia en Progreso), cuando en siguiente viaje a Mérida el taxi ya utilizó la recién terminada nueva entrada a Mérida que pasaba entre henequenales de lo que era el ejido de Chuburná, y que el chofer comentaba que era más rápido entrar por este nuevo camino, pude observar ‘’al llegar’’ a Mérida que a la entrada había un lugar cubierto con lonas a manera de una carpa de circo, luego escuché que se trataba de un monumento que construía el escultor colombiano Rómulo Rozo, monumento que en 1956 inauguró el presidente de la república Ruiz Cortines, se trata del hoy conocido Monumento a la Patria. Como ha crecido en todos este tiempo la ciudad!, en aquellos días cuando llegaba a la bifurcación de los caminos mencionados, pensaba: todavía falta para que lleguemos a Mérida, ahora todo ese camino es Mérida. Creo que pronto Progreso formará parte de un área metropolitana.

Me encantaba entrar a la ciudad por el majestuoso, magnífico, bello, tranquilo, arbolado Paseo de Montejo,( que en mi adolescencia me enteré que querían llamarlo Paseo de Nachicocom, cosa que a mí y a mis compañeros de estudio nos pareció una tontería), culminaba el Paseo de Montejo en la calle 47 , ahí se podía observar un cohete de hojalata con el rotulo CHEVROLET, este era el anuncio de la agencia de automóviles que se encontraba en esa calle 47 entre Montejo y la calle 58, tiempo después se retiró el anuncio y creo que hasta el día de hoy está al final de la avenida Miguel Canto de la colonia Alemán, sobre el camellón, a la entrada de la colonia Brisas, pero he podido comprobar que mucha gente no sabe el origen de ese cohete, que fue un anuncio de autos en la época en que a todo se le llamaba atómico, por ejemplo a los bolígrafos se les llamaba “plumas atómicas” y un juguete que disfrutábamos mucho los chamacos de entonces era un pequeño cohete que al caer de punta ( su punta era un clavo de metal) detonaba un “mixto” con gran estruendo, era una copia de la “ bomba atómica”, así de duradero en las mentes de la gente de aquella época fue el estallido de la bomba atómica Little boy el 6 de agosto de 1945, sobre la ciudad de Hiroshima, una bomba de 4 toneladas de peso, lanzada desde una altura de 9,450 metros, fue una bomba de uranio lanzada desde el avión Enola Gay , la otra bomba utilizada contra Japón se llamó Fat Man, es decir que para los cincuentas la memoria sobre las bombas atómicas arrojadas por EE.UU, sobre Japón, estaba muy fresca todavía, se estima que el número de víctimas fue mayor a 220,000 personas.

Me pregunto, que tienen que ver las bombas atómicas con Progreso? , me respondo: No solo con Progreso, tuvieron que ver con todo el mundo, fue un mensaje, un terrible mensaje del que todo el mundo se enteró.

Por cierto, tuvieron la oportunidad de ver en las oficinas de telégrafos, en las mesas dispuestas para que el público llenase los formatos para los telegramas, los “palillos”? con una punta metálica para escribir semejante a las de las plumafuentes, y siempre había un frasquito con tinta, en esa época no se había inventado el bolígrafo, como repito las “plumas atómicas” datan en Yucatán de 55 a 58 años, al principio se consideraron algo muy novedoso y pocas personas tenían acceso a ellas, las que habían las traían de los EE.UU., y cuando no escribían se tomaban como un molinillo de chocolate y se frotaban entre las manos para calentarlas y corriese la tinta, eran bastante fallonas. Ahora existen muchísimos derivados de esos primeros bolígrafos : con tinta que se borra, diversidad de plumones, de gel, de agua, para pizarrones, con tintas plateada y dorada, para resaltar escritos, con diversos calibres, muy baratas, de lujo y extremadamente caras, con tres colores en un solo maneral, etc., el bolígrafo casi eliminó a la plumafuente, pero en mi caso personal disfruto enormemente escribir con una buena plumafuente cargada con tinta muy negra y escribir lentamente, casi dibujando las letras en tipo manuscrita (que muchos jóvenes y no tan jóvenes ya no saben leer).

Nota: los bolígrafos se inventaron en 1938 por los hermanos húngaros Laszlo y George Biro, emigraron a la Argentina y la patentaron en 1943, la licenciaron a la Eversharp y la vendió a la Parker quien los fabricó en Argentina en 1945. (Progreso, Yucatán 10 de noviembre de 2009)

4 comentarios:

Mario G. dijo...

le felicito por sus escritos, recordar es volver a vivir....

Anónimo dijo...

Qué bellos recuerdos. Sabe algo de la historia del café Cordobes?, cuéntenos algo para saber más. Siga escribiendo

Anónimo dijo...

y del cine variedades y el teatro principal

Anónimo dijo...

ProgresoHOy, me comentó un amigo que publicaron un editorial titulado Cajón de Recuerdos, pero no lo encuentro en la edición de hoy 2 de diciembre

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